No todas las respuestas reparan. A veces, primero hay que escuchar.
Andrés sabe enseñar, ordenar argumentos y responder preguntas sobre la Biblia. Lo que no sabe es cómo escuchar a su hija sin convertirla en audiencia.
Cuando un temporal deja sin electricidad la casa que comparte con Sofía y Fran, la visita de sus hijos toma un rumbo inesperado. Rebeca no quiere volver a la iglesia. Benjamín todavía cree que su padre sabe responderlo todo. Mientras cuidan una gata encontrada bajo la lluvia y arman un rompecabezas, una pregunta sobre quienes quedaron fuera del arca obliga a la familia a revisar historias, certezas y heridas que llevaban tiempo evitando.
Pero las preguntas no permanecen dentro de la casa. Cuando la inundación alcanza a Los Aromos, las palabras deben transformarse en presencia, ayuda y trabajo.
Lo que queda después de la lluvia es una novela íntima sobre fe, duda, familia y reparación; una historia en la que las respuestas importan, pero nunca más que las personas que hacen las preguntas.